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Tail Dragger

2 May , 2016  

Carlos Lemoine, uno de los amantes más fervientes del género Blues que hay en Colombia, gestionó traer a nuestro país a un importante blusero de Chicago apodado Tail Dragger. Para que entiendan la importancia de este músico, su apodo fue otorgado por nadie más que el legendario Howlin’ Wolf cuando Tail lo siguió por casi 20 años entre bluseadas y dijo que algún día ese chico iba a ocupar su lugar.

James Yancey Jones, popularmente conocido como Tail Dragger, nació el 30 de Septiembre de 1940 en Altheimer, Arkansas hace 76 años. Fue criado por sus abuelos. Cuando niño se acostaba con un radio pequeño sin que ellos se dieran cuenta y oía las estaciones de radio de blues. Más adelante vio en vivo a Sonny Boy Williamson y Boyd Gilmore y oyó la música de Jimmy Reed, Muddy Waters y Elmore James. Se fue a los 26 años a Chicago a trabajar como mecánico de día y por suerte se encontró a Howlin Wolf, a quien siguió fielmente.

Tail Dragger

Foto: Rojelia Blues

Tail, un purista del “Lowdown Blues”, necesitaba una banda para su visita a Colombia. Lemoine logró reunir a Alejandro Duque (batería), Andrés Cardona (guitarra), William Suárez (bajo), Germán Pinilla (armónica) y yo (guitarra) para esta tarea. Todos hermanos míos en ese camino del Blues y el Rock Bogotano. Puedo decir con confianza que era una de las mejores alineaciones para cumplir con esta tarea.

Foto: Nicolás Romero

Foto: Nicolás Romero

Lo vi por primera vez en una Entrevista Radial. Era un hombre afro-americano, alto, calvo, con un diente de oro y cara de mal humor. Como no había traductor en la emisora me pusieron en esa labor y poco a poco traté de descifrar un inglés muy afro y envejecido por los años de lucha en vida. Al preguntarle qué era el Blues respondió: – “To play the Blues you got to live the Blues. You can’t live the Blues driving a Cadillac or having your fridge full of stuff.” (Para sentir el Blues hay que vivir el Blues. Uno no puede tener el blues manejando un Cadillac y teniendo todo tipo de comida en la nevera.) – La locutora le pidió amablemente cantar algo. Ya le habían informado que yo lo iba a acompañar en la guitarra. El me miró y me dijo, “Slow blues in A”, un Blues lento en A, y con Jorge Vanegas (Vulgaxito) que estaba también en entrevista, arrancamos. Cuando empezó a cantar todo el mundo en el estudio quedó quieto, con la mirada fijada en Tail. Nunca habíamos visto algo así. Una voz potente para sus 76 años, ronca y afinada. Pelos de punta fue el consenso. Yo he visto muchos bluseros, incluso vi en vivo a BB King, pero nunca había presenciado el auténtico Blues tan de cerca.

Foto: Carlos Lemoine

Foto: Carlos Lemoine

Al final de la entrevista me di cuenta que su expresión malhumorada simplemente traía décadas de Blues encima. Me acerqué y le dije que era un honor poder compartir tarima con él. Me dio la mano y sonrió un poco. Le pregunté acerca de su viaje y se quejó de su escala en Panamá, – “They had me runnin” (me pusieron a correr). Le pregunté que cómo le había ido en el aeropuerto en Colombia y me dijo “It’s my first time here in Colombia!” (Esta es mi primera vez en Colombia). Siempre he considerado tener buen inglés, pero claramente su dialecto y el mío tenían pequeños desfases. Ya su humor pareció haber cambiado un poco y entramos más en confianza. A la salida de la estación de radio le pregunté acerca del ensayo. – “I wanna show you my DVD, that’s it” (Yo quiero mostrarles mi DVD, eso es todo) – Perfecto, vemos el DVD y ensayamos, pensé. Teníamos 5 horas reservadas para el ensayo, estaba nervioso porque era poco tiempo para montar todo y además ver un DVD.

Al llegar al ensayo todos habíamos repasado las canciones de Tail, son estándares de blues sencillas en teoría, pero había que pulir ciertas entradas y arreglos. Entró Tail Dragger, se sentó y nos dijo: – “I don’t rehearse. I just want you to see my DVD. See if you don’t rehearse you’re gonna pay more attention to me up there on stage. You’re gonna be sufferin up there, but that’s good.” (Yo no ensayo, solo quiero que vean mi DVD. Si ustedes no ensayan me van a poner más atención allá arriba en la tarima, van a sufrir, pero eso está bien.) – Interesante, pensaba que si ensayamos a la perfección le íbamos a poner menos atención a él en tarima. Quería control total de sus músicos y la única forma es que todos tuviéramos nuestros ojos sobre él, como un director de orquesta. Nos advirtió que él hacía cortes y cambios a su voluntad, que dependía del momento. A eso se refería con sufrir, como nos dimos cuenta después.

Foto: Andrés Cardona

Foto: Andrés Cardona

Vimos algo del video y luego todo se convirtió en una charla informal de Blues. Nada de música, solo los cuentos. Y aquí empecé a darme cuenta de una de las características de un Bluesman de verdad. Se vive el Blues y se cuenta. Otros simplemente aprenden algo y lo reproducen.

Tail se quedó un buen tiempo explicándonos qué era y qué no era el Blues. – “You drive a Cadillac, you ain’t got no Blues” (Si tú tienes un Cadillac, tú no tienes el Blues) – “You got a Blues bar, you don’t got the Blues” (Si tienes un bar de Blues, no tienes el Blues) – Estos anteriores refiriéndose a gigantes y leyendas del blues que hemos crecido oyendo. Sus hijos y nietos lo ven a él como algo anticuado. Ya no hay músicos negros que toquen el blues. La mayoría de los músicos que tocan con él son blancos. Las nuevas generaciones de músicos afroamericanos están dedicados en su mayoría al Hip Hop y al R&B.

Nos miró a Cardona y a mi y dijo- “All the good guitar players are wrong in the head.” (Todos los buenos guitarristas están mal de la cabeza) – Nos contó las alocadas historias de Hubert Sumlin, Lurrie Bell, Elomore James y otros legendarios guitarristas de la escena. Bromeando le dije que tranquilo, que al menos Cardona estaba bien mal de la cabeza. Se rió y nos fuimos entrando más en confianza.

Viendo que ya no había ni la más remota posibilidad de un ensayo, hice lo que tocaba hacer: comprar una ronda de cerveza en tributo a Tail. Le ofrecí una y me miró dudando, pero me la recibió y empezó a tomar. – “I quit drinking at 76” (dejé de tomar a los 76). – Le pregunté que hace cuánto fue eso y me responde: – “Six months” (Seis meses). – Me sentí un poco mal de romper su sobriedad de 6 meses y continuamos con la charla. Me contó que le gusta el contacto cercano con la gente. Que ese contacto era lo que lo diferenciaba a él de los demás Bluesmen de su estilo. Que antes de cada canción hablaba un poco y que estuviéramos atentos para arrancar según sus instrucciones. Tomé nota mental y traté de sintonizarme para lo que venía al día siguiente.

Foto: Rojelia Blues

Foto: Rojelia Blues

Llegó el día del concierto. Tail entró al camerino de la Media Torta. Carlos Lemoine le obsequió una botella de whisky escocés y le serví un vaso para cortar el hielo. Le pregunté si pudo descansar. Con algo de molestia me dijo – “A woman at the entrance of the Hotel didn’t let me in!” (¡Una mujer en la entrada del Hotel no me dejó entrar!). Una empleada racista del hotel Tequendama le negó la entrada. Sentí una vergüenza ajena y le dije que la ignorancia en nuestro país no tenía límites. Este señor vivió una época bastante fuerte de segregación en Estados Unidos, con inclementes luchas para llegar a la igualdad y ahora en pleno 2016 le joden la vida en Colombia. Con razón el Blues siempre fue de los negros. Se sirvió otro whisky y con aire de estar un poco acostumbrado a este tipo de cosas, dejó pasar el asunto.

Entró al camerino una de las coordinadoras y me dijo que había un médico por si Tail lo necesitaba. Le dije a Tail y me respondió – “I don’t need no doctor” (Yo no necesito un doctor). – Le aclaré que solo era una precaución, generalmente porque la altura de Bogotá afectaba a muchos cantantes. – “I’ve never had no altitude problems” (nunca he tenido problemas con la altura). – Un poco molesto porque lo estaban tratando como viejito.
La coordinadora me pidió el favor de traducir algunas entrevistas que le querían hacer. Amablemente accedí a la tarea. Después de las entrevistas y como a 15 minutos de arrancar el concierto Tail me dijo: – “I have to speak to the crowd, you be my translator” (Tengo que hablarle al público, tú vas a ser mi traductor.) – Una cosa es traducir para una entrevista, otra es traducir ante miles de personas en vivo. Me puse un poco nervioso sabiendo que era difícil entenderle algunas cosas que decía, pero igual acepté el reto.

A 10 minutos del concierto, le preguntó a Germán Pinilla – “Do you know ‘Good mornin little school girl’? ” (¿Te sabes ‘Good mornin little school girl’?). Pinilla le dijo que sí y el respondió: “Ok, let’s do that one” (Listo, toquemos esa). El Duque iba de salida para preparar su batería y Tail le dijo “Don’t go to sleep now” (no te vayas a dormir). Duque soltó su carcajada y se fue hacia la tarima.

Faltando 5 minutos para arrancar me dijo: – “Play a song before I go in, warm up with something” (Toquen una canción antes de que yo entre para que vayan calentando). – Le pregunté qué canción o qué estilo y me respondió: – “I dont give a shit, play whatever the fuck you want” (me importa una mierda, toquen lo que se les de la HP gana). – Riéndose fuertemente.

Nos subimos a la tarima y di sus órdenes. Les dije al resto, – “nos toca arrancar con lo que sea para calentar, luego él sale y lo presentamos” – De una Cardona dijo “Hoochie Coochie Man”, y así fue. Empezamos y al final de la canción salió Tail Dragger.

Foto: Rojelia Blues

Foto: Rojelia Blues

Las 3.500 personas en la Media Torta lo recibieron con euforia. Empezó a hablarles a todos como si estuvieran en la sala de su casa (yo traduciendo con un poco de nervios): -“You see that chair?” (¿Ven esa silla?) – Apuntó a una silla en la mitad de la tarima puesta para él. -“That chair is there cause I’m old. But don’t laugh, someday you’ll be in a chair like that too” (Esa silla está ahí porque estoy viejo. Pero no se burlen, algún día ustedes estarán sentados en una silla también.) – El público se río, él se volteó, me miró y dijo: -“Slow blues in A” (Blues lento en A) – comuniqué la orden a los demás y arrancó el concierto.

Tail-Dragger-(2)

Foto: Rojelia Blues

Foto: Rojelia Blues

Nos dirigía con su voz y con señales, muchas veces sobre el tiempo. Cardona fue el que lo describió mejor: -“Como cuando uno va manejando con la novia y ella grita ‘¡ES POR ESTA!’ y uno manda el timonazo y solo espera poder lograrla”-. Así fueron varias entradas y paradas en todo el concierto. Unas ejecutadas a la perfección, otras no tanto. Efectivamente nos sacó el jugo y sufrimos de cierto modo, pero tocando delicioso. Con un aire de incertidumbre y una añoranza extraña a lo que iba suceder.

Foto: Rojelia Blues

Foto: Rojelia Blues

Foto: Rojelia Blues

Me preguntó si podíamos tomarnos un descanso. La altura bogotana y sus 76 años le habían afectado aunque él lo negara. Se veía cansado. Le pregunté al stage manager y me dijo que nos quedaban 10 minutos y que no se podía alargar. Le dije esto a Tail y le recomendé que hiciéramos 2 canciones más y terminábamos. Aceptó y cantó las últimas sentado en su silla. Al final la gente le pedía más, pero las reglas de la Media Torta no lo permitieron. Salió aplaudido efusivamente por el público.

Volvimos al camerino y arrancó a bromear. Le dijo al Duque: – “You didn’t go to sleep” (no te dormiste) – y el Duque se río de nuevo a carcajadas. Miró a Cardona le dijo – “I’m gonna hire you for my band. You wanna know why? Cause you got a Gibson!” (Te voy a contratar en mi banda, ¿sabes por qué? ¡Porque tienes una Gibson!)- Refiriéndose a su marca preferida de guitarra (NOTA: Las Gibsons fueron la marca preferida de los bluseros afro-americanos de Chicago en su época. Las Fenders eran usadas más por los blancos en lo que Tail se refirió al ‘Hillbilly Music’, la música Country o campesina de los blancos.)

Le pregunté – “It wasn’t that bad, uh?” (no estuvo tan mal, ah?) – y me miró haciendo un gesto de desaprobación y un poco de lástima, para luego reírse a carcajadas. Le dije: -“Tail, we’re gonna be playing in a bar tonight, will you join us for a couple of tunes?” (Tail, esta noche vamos a tocar en un bar, ¿nos vas a acompañar en algunas canciones?) – Me respondió “Yeah, why not” (Claro, por qué no) – Le dije, tal como le había dicho al Duque más temprano: – “Don’t go to sleep, we’ll be expecting you!” (No te vayas a dormir, te vamos a estar esperando). – Y me agarra del brazo riéndose y me dice: -“I’m not that old to go fall asleep yet” (No estoy tan viejo como para irme a dormir todavía). –

Por la noche cambió un poco la rigidez que a veces da una tarima tan grande, tal vez porque todos, incluyendo el mismo Tail, crecimos y maduramos como músicos en un bar. Había alrededor de 100 personas. Éramos el mismo formato de la Media Torta, ahora con Carlos Reyes a bordo en una tercera guitarra. Lo acomodaron en una mesa cerca a la tarima. Tail se mostraba inquieto con la banda que abrió, The Big Bones de Medellín. – “The problem with people now is that they rush things. You have to take it slow” (el problema con gente de ahora es que se afanan. Tienen que tomarlo con calma) – Tail, un purista del Lowdown Blues, claramente no le gustaba lo que hacen hoy en día las nuevas generaciones. Me pregunté qué iba a pensar cuando nos montáramos a cantar nuestras canciones, que iban inclusive con más energía y tempo que los amigos paisas.

Foto: Jorge Leguízamo

Foto: Jorge Leguízamo

Llegó el momento de empezar nuestro show cerca de la media noche. Tocamos una ronda de nuestras canciones más relajadas y luego invitamos a Tail a que subiera a la tarima. Se paró de su sofá y lo recibieron con un gran aplauso. Se acercó a la tarima pero nunca se subió. Me hizo un gesto para que le pasara en micrófono y se lo bajé. Abajo con el público entre las mesas, arrancó con un discurso muy similar al que usó en la Media Torta, lo cual me dio la confianza de decirle a todos de una vez, sin que Tail me lo gritara, que arrancáramos un Blues lento en A. Y así fue, ya con un segundo Toque encima y con un poco más de cancha al estilo Tail Dragger. Entre canciones bromeó con el público y se los ganó. Se fue entre aplausos y arrancamos de nuevo a tocar nuestro repertorio para seguir de largo en la noche.

tail-dragger-solar

Foto: Yamid Buitrago

Seguimos tocando, rotando la cantada entre Reyes, Cardona y yo. Por un momento se bajó la energía del concierto y sentí que tenía que llamar de nuevo a Tail para que se cantara algo más. Por segunda vez se acercó a la tarima y se quedó abajo con el público de nuevo para arrancar con otro discurso entre ellos: – “I want to invite a new special friend to join me” (quiero invitar a un nuevo amigo especial a que me acompañe) – Apuntando a alguien del público. Sale una cara conocida, Leonardo Pinzón, músico también de Blues que estaba enfarradísimo en el público. Tail dice: “You wanna know what me and my new friend have in common?” (¿Quieren saber qué tenemos mi nuevo amigo y yo en común?) “I’ll tell you what” (Les diré que) – Inmediatamente le quita el sombrero a Leo y se quita su sombrero. – “We’re bald!” (¡Somos calvos!) – y arrancamos a tocar su canción “My head is bald” (mi cabeza es calva), que es el título de su último disco. Al terminar la canción me pasó el micrófono, con gesto de gracias me voy a sentar, pero lo miré y le dije: “There’s no way you’re getting away that easy” (No hay forma de que te escapes así de fácil) – y me niegué a recibirle el micrófono. Me miró con cara de “chino verraco”, se rió y gritó “Shuffle in G”. Y arrancamos más rápido prendiendo la fiesta.

Foto: Camilo González

Foto: Camilo González

En ese momento sentí que ya tenía un nuevo amigo leyenda del Blues. Tocamos unas cuantas canciones más y me tiró el micrófono al final sin dejar la opción de repetirle el chiste para que se quedara más tiempo. La gente enloquecida se despidió de él y nosotros seguimos tocando, ya calientes para rematar el toque. Hacia el final tocamos “I got my mojo workin” que fue inmortalizada por Muddy Waters, una las principales influencias de Tail, pero tocada en versión country ala Black Cat Bone, mi banda. Tail, tal vez un poco confundido por la versión, se volvió a parar, cogió el micrófono y me dijo -“I can do this Hillbilly thing” (yo puedo cantar esta vaina Hillbilly). Se cantó un pedazo y se volvió a sentar. Rematamos el toque con unas 3 canciones más enérgicas, muchos solos y locura para rematar el toque. Todos nos bajamos felices del deber cumplido y de la buena presentación.

Al final de la noche, ya con unos tragos encima, Tail me cogió y me preguntó un poco inquieto y disgustado: – “Why do you do all that guitar shit with pedals and stuff?” (¿Por qué haces todas esas mierdas con la guitarra, los pedales y eso?) – refiriéndose a la locura del final de nuestro show. Yo lo miro con cara de niño regañado sin saber qué responder y me dice – “Don’t do that shit, that ain’t the blues.” (No hagas esa mierda, eso no es Blues). – Con una extraña e incómoda seriedad me hizo llegar su mensaje final: No sea fantoche. Eso no es el Blues.

Foto: Rojelia Blues

Foto: Rojelia Blues

Y así acabó nuestra noche, una sobredosis de Blues a la Tail Dragger, unas buenas lecciones de vida y hasta regaño. Se vive, se cuenta y se canta el Blues. No importa el tamaño de la tarima, lo importante es que la gente lo sienta. Y lo que se siente va más allá de la música. Tail Dragger nació inmerso en la cuna del Blues del sur de EEUU. Maduró con el Blues de la legendaria escena de Chicago. Vivió una vida de altibajos, problemas familiares y hasta tiempo en la cárcel. En la última etapa de su carrera le canta a su vejez. Toda su vida quedó registrada en su música. Los que pudimos verlo fuimos testigos de uno de los últimos y auténticos exponentes del Blues.

tail media torta

Foto: JSantacruz – Idartes, Media Torta


One Response

  1. Yamez dice:

    que gran músico este señor, fue un honor verle y sentir esa energía y a la vez paz que irradia.

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